MUSEO DEL JADE

Updated: Oct 10

(o la inmensa piedra en el zapato)


Como sanjosérevés participamos en la primera etapa del desarrollo del Museo del Jade, ganamos la conceptualización, es decir, se premió la idea que le daría "forma" y "sentido"al edificio. La idea era sencilla y creo que considerablemente clara y sólida. Unos meses despúes perdimos la licitación que nos hubiera dado la posibilidad de darle continuidad a esa idea, de trabajar y diseñar la segunda etapa: el desarrollo de los planos y la inspección durante la construcción del edificio. Es natural que hayan pérdidas (digamos mejor, diferencias-de-criterios-de-diseño) entre la etapa conceptual y la etapa de desarrollo de planos constructivos, supongo que por eso es importante que sea el mismo equipo el que esté presente en todas las etapas de diseño, es difícil defender "a fondo" una idea ajena por más que la intención sea buena. Siento que la decisión (sin duda presupuestaria) de usar un enchape en lugar de prefabricar en concreto el despiece de la fachada y perder la oportunidad de que el edifico se abriera en ese átrio central y que aportara en su huella al espacio público son sus mayores carencias, pero supongo que también habrán aciertos.


Todos estuvimos ahí el primer día de clases de algún año escolar: el cuaderno nuevo al frente, el olor del plástico que lo forraba, la cartuchera ordenada, la fecha escrita arriba a la derecha, el título en negro subrayado con rojo, los bloques de texto azul, la letra ordenada, la ganas genuinas de intentar la constancia, de hacer las cosas bien. Supongo que todos también estuvimos ahí cerca de la tercera semana de clases: las páginas de por medio, los encabezados sin fecha, la letra desordenada y neurótica, los tachones, el liquid paper, los garabatos, las notas de otras materias, las siglas luego indesifrables, los diagramas al vuelo, la taquigrafía escueta de la prisa o la desidia, o la distimia vocacional temprana y casi precoz.


El Museo del Jade es para mí ese momento de mi carrera o de mi ejercicio como arquitecto, es esa tercera semana. Es mi primer tachón de una serie de tachones, es el banderazo de salida que eventualmente me hizo sentir necesario (e inevitable) cambiar de cuaderno.